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miércoles, 28 de mayo de 2014

Taller exclusivo: LA RELACIÓN ENTRE LA MÚSICA DE TRADICIÓN ORAL Y LA MUJER RURAL EN LA VILLA DE ALMOGÍA



Durante el próximo mes de junio, en el I.E.S. Diego Gaitán de Almogía, se llevará a cabo una serie de talleres exclusivos que tendrán como propósito acercar a los alumnos de todos los cursos del centro (desde 1º a 4º de la ESO) la música de tradición oral de Almogía, que conforma un patrimonio cultural tan importante de nuestro pueblo.
Este legado será visto desde la importancia que tuvo la mujer rural en la interpretación y conservación del mismo, por lo tanto, se tratarán géneros como: la churripampa o la rueda, los romances de ciego, las canciones de carnaval, canciones de juego, etc.
Los talleres serán realizados en los seis distintos cursos con los que cuenta el I.E.S. Diego Gaitán y a lo largo de las dos primeras semanas del mes de junio. Éstos serán llevados a cabo de la mano de Alejandro Gómez Villanueva, quien a lo largo de estos últimos años ha investigado la relación que existe entre la música popular y la mujer rural de Almogía.
Por último, ACTÚA quiere agradecer al I.E.S. Diego Gaitán su colaboración, así como a Juan Cristóbal Fernández –profesor del centro-, por haber facilitado en gran medida la organización de estos talleres.


Taller exclusivo: La relación entre la música de tradición oral y la mujer rural en la villa de Almogía
Fecha: primeras dos semanas del mes de junio
Lugar: I.E.S. Diego Gaitán de Almogía
A cargo de: Alejandro Gómez Villanueva (Graduado en Historia y Ciencias de la Música)
Organiza: ACTÚA

viernes, 14 de diciembre de 2012

San Juan de la Cruz, Cántico espiritual, 1578


San Juan de la Cruz, Anónimo del siglo XVII
*Más abajo se puede encontrar el texto y la música a la que se hace mención.

Juan de Yepes Álvarez (1542 – 1591), más conocido como San Juan de la Cruz, fue un poeta místico español perteneciente a la orden de los carmelitas descalzos. Su obra literaria, aunque dedicada en mayor medida a lo sagrado, guarda claros tintes amorosos-profanos, así como influencia de la estética petrarquista. Uno de sus legados más relevantes es el Cántico espiritual. En él, de forma pastoril, se narra como una amada busca ansiosamente a su amado, Dios, para poder unirse a él.

Son algunos los músicos que han plasmado en acordes y melodías la letra de este precioso poema, incluso algunos como Federico Mompou se inspiraron en esta obra para crear una música más abstracta y pura (no cantada). El título de la pieza de este compositor catalán, Música callada (1959 – 1967), se encuentra dentro de este poema y ya fue comentado por el propio San Juan en otros textos, afirmando que donde más información hay en un mensaje es en lo que no se ha dicho.

Si, como dijimos con anterioridad, partimos de la idea de que este poema pertenece a una corriente mística, sería el pianista el que con sus armonías minimalistas e impresionistas revelaría algo distante a lo terrenal. En este caso, el piano, mediante melodías poco definidas y contrastes en una textura que predominantemente se mueve en el agudo, “eleva el alma” y la despega de lo físico y mundano para introducirla en un paisaje menos sensible y más perteneciente a imágenes creadas por la razón (influencia de Santo Tomás).

Mompou refleja mejor esa unión del alma de la amada (fiel) con la del amado (dios), mientras que el cantautor leones Amancio Prada en la adaptación que hace del Cántico espiritual (1977), con el empleo de instrumentos de cuerda frotada, como son el violín y el violonchelo, o pulsada, como es la guitarra, es quien plasma con mayor veracidad esos tintes profanos y sensibles que caracterizan también la obra del poeta carmelita. Son los graves de la cuerda los que se apegan al terreno, los agudos los que nos adentran en un mundo más pastoril y campesino, el staccato del violoncello o los arpegios y ritmos de la guitarra los que nos marcan con mayor claridad esa sensación de búsqueda y -por último- una voz llena de desesperación la que muestra cómo la amada desea unirse al amado.

Podríamos decir que la poesía de San Juan de la Cruz, y más en particular el Cántico espiritual, es una obra que difícilmente podría ser representada por una única música; sin embargo con la unión de estas dos composiciones, anteriormente mencionadas, comprenderíamos de forma más clara todas aquellas sensaciones que el poeta quiso mostrar. Además nos daríamos cuenta de cómo un sólo poema es capaz de incluir tan amplio contenido, llevándonos desde lo místico a lo sensible, de lo sagrado a lo profano, e incluso desde lo racional a lo carnal.

Alejandro Gómez Villanueva



- Federico Mompou (1893 - 1987), Música callada, 1959.




- Amancio Prada (1949 - ), Cántico espiritual, 1977.









martes, 1 de mayo de 2012

El velo (La ceguera)


María cumplirá cinco años el mes que viene. Es sincera e imprudente como todas las niñas de cinco años. Su madre la espera en la puerta del colegio. La besa y la peina. Ella sonríe. Se toman de la mano para cruzar la calle, en manada, unos metros por encima del paso de cebra. Luego la sube en el asiento de atrás del todoterreno aparcado sobre la acera. Llegan a casa. Y comen con su padre que regresa del trabajo media hora más tarde con aliento a cerveza. La chica de la limpieza ha preparado un guiso. A María no le gusta.
La liturgia del almuerzo comienza con un beso en la mejilla del padre y la narración por la niña de lo ocurrido en clase. Fila. Asamblea. Hablamos del fin de semana. Fichas. Patio. Jugamos. Merienda. Y después entró una seño nueva con un trapo en la cabeza. ¿Cómo?, pregunta la madre. Que entró una seño nueva con un trapo en la cabeza. La madre se aparta bruscamente de la mesa y se atusa el cabello con las dos manos. Adónde estamos llegando, dice. Menudo ejemplo para la niña. Qué valores y qué leche. Dónde se ha visto a la maestra cubierta con una señal atávica y discriminatoria para la mujer. ¿Multiculturalismo? ¿Educación para la ciudadanía? Una mierda.
El padre le recrimina la expresión con una mueca, mirando a la hija. Y después, mirando a la madre, argumenta que lo peor no es eso. Lo peor es que en el currículo escolar infantil sólo exista una asignatura diferenciada de las demás: religión o historia de las religiones o como se llame ahora. Justo la que no debiera darse en la escuela. Eso no es lo peor, prosigue la madre. Lo peor es que a tu hija le da clase una mujer con un velo en la cabeza sin que nos hayan pedido permiso. Pero esto no va a quedar así. Mañana mismo hablo con el director. Y tú, niña, ¿te vas a comer eso o no? Ya te he dicho que no me gusta mamá, le reprocha. Vale, ahora le digo a la chica de la limpieza que te fría unas patatas con tal de que me dejes tranquila.
El director la recibió amablemente a primera hora. Es joven. De unos 35 años. Con vaqueros y camisa por fuera. Antes de cederle la palabra, felicita a la madre por interesarse en la educación de su hija. ¿Qué desea? A mi hija le está dando clase una mujer con un velo en la cabeza. Y yo creo que para ser maestra en nuestro país debería integrarse con nosotros y respetar nuestras costumbres. Porque para mí el velo es un símbolo de opresión machista. Algo así como tirar a la basura los siglos de lucha por igualdad de las mujeres en el mundo civilizado. Mire, le contesta el director, yo creo que es un ejemplo de respeto y tolerancia. ¿Y a mi hija quién la respeta? ¿Y a mí? Ahora mismo presento una queja a la asociación de padres, al ministerio, al juzgado, donde sea, pero yo no quiero que mi hija vea normal lo que no es normal.
             Buscó a su vecina que también tiene un hijo en la misma clase y le contó el caso. La vecina llamó a otra y ésta a otra. A la salida del colegio se juntaron una docena de madres con una pancarta. Irrumpieron en el patio gritando contra el director y por los derechos de las mujeres. Entraron en el aula de infantil. Sin llamar a la puerta. La maestra estaba sentada. Tenía un velo en la cabeza. Era monja.
             Podría haber sido judía. En 1984, mis compañeros de bachillerato y yo nos burlábamos de una profesora que se cubría la cabeza con un pañuelo. La tomamos por loca. Y quizá lo estaba. Paseaba a su perro con una cubeta amarrada al pescuezo. Era inglesa. Luego nos dijeron que bajo el pañuelo ocultaba un número en tonos azules. Se lo tatuaron en un campo de extermino nazi. Nadie le vio jamás la frente desnuda. A decir verdad, ignorábamos si era judía o no. Se daba por supuesto. La ignorancia es cruel por naturaleza.
             También podría haber sido una enferma de cáncer. Infinidad de mujeres que pierden el pelo a consecuencia de la quimioterapia se cubren la cabeza con un pañuelo. O una mujer vestida a lo Audrey Hepburn, Sivana Mangano, Catherine Deneuve, Grace Kelly, Penélope Cruz … . O, sencillamente, una mujer con pañuelo.
             En cualquier caso a nadie se le habría pasado por la cabeza calificar su aspecto. Pero no ha sido así. Reconozcámoslo. La inmensa mayoría pensó que la maestra era musulmana. Y pensó mal. No sólo porque errase en el pronóstico (podría haber sido musulmana igualmente). Pensó mal porque sus prejuicios le impidieron ver y opinar otra cosa.

RODRÍGUEZ RAMOS, Antonio Manuel: "Parte I, La ceguera. Capítulo I, El velo". En: La huella morisca. El Al-Ándalus que llevamos dentro. Córdoba. Editorial Almuzara, 2010.